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La Asociación vecinal Los Molinos Buenavista nació al iniciarse el año y suma 200 miembros

La red les unió y cada día están conectados a través de ella. La Asociación vecinal Los Molinos Buenavista, que hoy suma cerca de 200 miembros, cuenta con una página web donde saltan las dudas sobre los futuros barrios. Ahora, el tema que más les preocupa, según Verónica de Frutos, vocal, y Luis Miguel Sánchez, secretario, es “que algunas cooperativas y promotoras estén obligando a comprar una segunda plaza de garaje”. Piden respuestas. “No sabemos qué hacer”. ¿Firmar o no firmar? No quieren perder su piso. El concejal Ignacio Sánchez Coy elevó la misma pregunta a la Comunidad para saber si se está incurriendo en una infracción.
Se conocieron a través de varios foros de internet, eran alrededor de quince, “teníamos preocupaciones en común” y se constituyeron en sociedad a principios de año. Hoy son cerca de 200 miembros, residentes en potencia de los futuros desarrollos de Los Molinos y Cerro Buenavista. “Las problemáticas de momento son comunes en los dos barrios”, afirman Verónica de Frutos, vocal, y Luis Miguel Sánchez, secretario, de la que se llama Asociación de Vecinos Los Molinos Buenavista. Últimamente lo que no se le va de la cabeza a ningún miembro es “que algunas cooperativas y promotoras estén obligando a comprar una segunda plaza de garaje”. Fue el comentario más oído en la última asamblea que mantuvieron los socios en el Centro Cívico del Sector III, donde tienen establecido su cuartel general. Desde el Ayuntamiento “nos dicen que no es legal” esa exigencia, “y no te ponen una pistola” pero a la hora de firmar, ante la negación de ese aparcamiento, “te dicen que pierdes la adjudicación del piso”. Una experiencia salió a la luz en esa reunión vecinal: un adjudicatario de vivienda, con los papeles delante para echar la rúbrica, quería llamar a un notario “para dar fe de que le estaban obligando, y contó que le estuvieron haciendo perder tiempo en la oficina y le dieron las 21.00 horas para que no fuera a buscarlo. Al final, acabó firmando”. Ante esta situación y con el “no sabemos que hacer”, la asociación pide respuestas, “queremos saber al cien por cien qué hacer en estos casos”. Sigue paseando sus preguntas “al Ayuntamiento, a la EMSV, a la Comunidad… y ninguno nos dice exactamente cómo actuar”. El concejal de Vivienda, Ignacio Sánchez Coy, se ha hecho eco de la incertidumbre y ha enviado recientemente una carta a la Dirección General de Vivienda de la Comunidad realizando algunas consultas: si los adjudicatarios tienen la obligación de aceptar y si los promotores “podrían estar incurriendo en una infracción grave según la Ley 9/2003 […] que protege al adquiriente de una vivienda protegida”, se cuestionan. Todos están igual. Y los vecinos se sienten solos. ¿Firmar o no firmar? Esa es la cuestión. Dentro de la asociación hay un miembro que es abogado. Su consejo: “Denunciar a nivel personal aunque como asociación hagamos presión a nivel mediático”, reproduce Verónica. Pero que antes de acudir a los juzgados se firme, “para no perder el piso”. Según la vocal el tema de la segunda plaza concierne al “90% de los contratos de cierre”, y hay casos que te obligan “incluso a coger tres, y son 72.000 euros”. Tendría que ser elegido “voluntariamente”.
Desconfianza Otras preocupaciones del grupo se resumen en la subida del precio del módulo de la vivienda protegida que pretendía la Comunidad a principios de año “y que decían que nos iba a afectar, pero luego rectificaron y parece que en principio no se va a aplicar”, explica Sánchez, aunque De Frutos desconfía: “No estamos tranquilos hasta que no se haga la calificación definitiva, que es cuando nos asegurarán el precio final”; también cuentan con ese trámite para confirmar que Getafe no va a pasar a la zona A, algo que también lanzó la Comunidad e igualmente reculó y que supondría más dinero; y que “hay cooperativas y promotoras que todavía no han dado el aval” externo que responda por las cantidades aportadas de los adjudicatarios. En este sentido Verónica cuenta su caso personal. Ella, y otros de su misma promotora, habían pagado 44.000 euros “que no estaban avalados”. Enviaron un burofax, se personaron, y finalmente “se han portado bien y nos han devuelto las cantidades” hasta que esté listo el contrato de compra venta. Estas son las áreas de actuación de la entidad “de momento”. Ya se irán sumando más. “Ahora mismo es casi todo relacionado con los contratos”, después serán los equipamientos sociales, las calidades… Y el destino de esta asociación es la separación. Cuando las dos zonas tengan sus propios asuntos, irá por un lado Los Molinos y por otro Buenavista. El presidente de la asociación es Gustavo de la Vega. Aunque tiene poco tiempo de vida, el grupo ya ha experimentado un cambio en la cabecera. “El primero decidió comprarse un piso de segunda mano y lo dejó”. Dos vicepresidentes, el secretario, el tesorero y los vocales completan la junta directiva. Nueve personas que se citan al menos una vez al mes. Las asambleas generales son más esporádicas, cuando hay temas que debatir. Pero los socios pueden estar al día a través de la web de la asociación. Ahí “tienen información continua. Hacemos resúmenes”, cuelgan documentación, “entre ellos pueden opinar, hay una sección de preguntas…”. Los miembros pertenecen a distintas cooperativas y promotoras de los dos desarrollos y con diferentes tipos de viviendas: de protección, de precio básico, de precio limitado… Para asociarse, de momento hay que hacerlo de forma física en el centro cívico y próximamente se podrá hacer por la red. Tienen pensado, además, emprender una campaña de captación de socios, “poner carteles…”. Y es que “somos muy pocos” en relación a las más de doce mil viviendas (80% de protección) que se levantarán en Los Molinos Buenavista a través de consorcio público (60% Comunidad y 40% Ayuntamiento).
Pensando en la segunda mano
Verónica de Frutos será, si no se echa antes para atrás, una futura vecina de Los Molinos. Mediante promotora. Pero está dudando. “Yo sigo mirando un piso de segunda mano y no descarto irme si lo encuentro. Ahora comprar está mejor que antes, aunque es más difícil que te concedan la hipoteca”. Su vivienda en el nuevo barrio sería VPPL, de precio limitado, “que es más grande, pero también más cara”. Por eso “no sé si me compensa esperar tanto”. Actualmente vive con sus padres. Tiene 35 años. Y los 3 ó 4 años que tendría que esperar para abrir la puerta de su casa, los va a pasar viviendo de alquiler con su pareja. Ya están mirando carteles.
Sin opción a la renta libre
En Cerro Buenavista y por cooperativa. Este es el futuro de Luis Miguel Sánchez, que a día de hoy sigue “viviendo con mis padres” con 30 años. Su vivienda es de protección pública básica (VPPB), “un piso más pequeño, pero más barato”, y esperará los “dos años y medio o tres que prevé” para la entrega de llaves porque “no puedo acceder a un piso de renta libre”. Además, “Buenavista va más avanzado que el desarrollo de Los Molinos, y teniendo esta edad, un par de años más…”. Qué más da. Su nombre aparece en solitario en el listado, aunque “al final me meteré con la pareja”.
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